LAS LECCIONES DE LAS "JORNADAS DE MARZO". Última carta de Gorter a Lenin. 1921.

 

Escrito por Hermann Gorter.

Publicado en francés en L'ouvrier Communiste, órgano mensual de los Grupos Obreros Comunistas, París, nº 9/10, mayo 1930.

Querido camarada Lenin,

Cuando, en noviembre de 1920, nos despedimos, sus últimas palabras, a propósito de nuestras ideas tan divergentes sobre la táctica revolucionaria en Europa occidental, fueron que ni su parecer ni el mío habían sido suficientemente sometidos a prueba: que pronto la experíencia demostraría quién de los dos tenía razón.

Cosa en la que, estábamos completamente de acuerdo.

Ahora la realidad se ha manifestado y poseemos más de una experiencia. Sin duda me permitirá usted mostrarle, desde mi punto de vista, las lecciones que hemos de sacar.

Usted recuerda que en el Congreso de Moscú, usted mismo, y el Comité Ejecutivo de la IIIª Internacional se habían declarado a favor del Parlamentarismo, por la infiltración dentro de los sindicatos obreros y por la participación en los consejos industriales legales en Alemania, único país de Europa en el que tuvo lugar la revolución.

El Partido Obrero-Comunista de Alemania (KAPD) y los marxistas holandeses respondieron que vuestra táctica conduciría a un extremo debilitamiento de la revolución, al caos dentro del proletariado, al desconcierto entre los comunistas, y por consiguiente a las más desastrosas derrotas. En cambio, el antiparlamentarismo, la organización por fábrica, las uniones obreras, y sus comités de acción revolucionarios, conducirían, en Alemania y en Europa occidental, a intensificar la revolución y a unificar, finalmente, al proletariado.

Usted pretendía -y con usted el Comité Ejecutivo y la IIIª Internacional- reunir a las masas bajo vuestra dirección política y sindical sin saber si las masas eran verdaderamente comunistas. Es lo que ustedes han hecho en Tours, Florencia, Halle. Vuestro objetivo era el dar a esas masas otros jefes.

Nosotros queríamos destruir viejas organizaciones y construir otras de nuevo cuño, de abajo arriba, animadas por una nueva mentalidad. No queríamos agrupar más que a verdaderos comunistas.

Ustedes querían importar, en Europa occidental, la táctica de Rusia, en donde el capitalismo era débil y donde tenían como colaboradores a los campesinos.

Nosotros nos dábamos cuenta de que, en Europa occidental, el proletariado está sólo en contra de un gigantesco capitalismo, que tiene a su disposición el crédito y las materias primas. Que nos era necesaria, pues, nuestra propia táctica, diferente a la vuestra.

Ustedes querían la dictadura del partido, es decir, la de algunos jefes.

Nosotros queríamos una dictadura de clase.

Ustedes llevaban a cabo una política de jefes. Y nosotros una política de clase.

En el fondo vuestra táctica sigue siendo la de la IIIª Internacional. No han cambiado sino la fachada exterior, los nombres, las consignas. Esencialmente, siguen perteneciendo (en el campo europeo, sino en el ruso) a la vieja escuela de antes de la revolución.

Las jornadas de marzo del proletariado alemán en 1921 han demostado quién de nosotros tenía razón, usted, camarada Lenin, con el Comité Ejecutivo y la IIIª Internacional, o por el contrario el KAPD con los marxistas holandeses que le han apoyado. Las jornadas de marzo han dado la respuesta y han demostrado que los izquierdistas tenían razón.

Había en Alemania dos partidos, cada uno con su propia táctica, participando ambos en el movimiento. El Partido Comunista de Alemania seguía vuestra táctica, el Partido Obrero Comunista de Alemania seguía la suya, que es también la nuestra, Y ¿cuáles fueron los resultados? ¿cómo se han comportado en la acción? (Pues, ¿acaso no es siempre necesario especialmente en el caso que nos ocupa, que la táctica, los principios, la teoría encuentran su justificación en la acción?).

El Partido Comunista, por medio de una acción parlamentaria que solamente expresaba la decepción de las masas ante un capitalismo, fraudulento despilfarro, había desviado al proletariado de la acción revolucionaria. El había logrado reunir centenas de miles de no comunistas, convirtiéndose en un partido de masas. Con su táctica de infiltración se había constituido en sostén de los sindicatos, y con la participación en los consejos industriales legales había traicionado a los revolucionarios y debilitado la revolución. El Partido Comunista, en todo esto, no había hecho otra cosa sino seguir, camarada Lenin su consejo, vuestra táctica, la del Comité Ejecutivo y de la IIIªInternacional. Y cuando como consecuencia de todo esto, se hundió cada vez en la inactividad (por ejemplo durante la ofensiva contra Varsovia), o en traición en presencia de la acción (putsch de Kapp), cuando a fuerza de simulacros de acción y de una publicidad a bombo y platillos, llegó al reformismo, escurriendo constantemente el bulto siempre que podía ante la lucha a la que los capitalistas querían forzar a los obreros (ejemplo: la huelga de los electricistas en Hamburgo, en las fábricas Ambi y Lema, etc), en fin, cuando la revolución alemana, hallándose en la pendiente del retroceso y del debilitamiento, los mejores elementos del KPD comenzaron a reclamar, cada vez con mayor ardor, el ser conducidos a la acción -entonces, de golpe, el Partido Comunista de Alemania se decidió a una gran intentona con vistas a la conquista del poder político.

He aquí en que consistió: antes de la provocación de Hörsing y de la Sipo, el KPD decidió gradualmente una acción superficial, de arriba abajo, sin el espontáneo impulso de las grandes masas; dicho de otro modo, adoptó la táctica del putsch.

El Comité Ejecutivo y su representantes en Alemania ya habían insistido durante mucho tiempo por adelantado, en que el Partido Comunista, comprometiéndose a fondo, demostrara que era de verdad un partido revolucionario. ¡Como si lo esencial de una táctica revolucionaria consistiera únicamente en comprometerse a fondo!... Al contrario, cuando en vez de fortalecer la fuerza revolucionaria del proletariado, un partido socava esta misma fuerza a causa del apoyo dado al parlamento y a los sindicatos, y que después de tales ¡preparativos! se decide de repente la acción lanzándose a la cabeza de este mismo proletariado al que acaba de debilitar, en todo este procedimiento no puede ponerse en tela de juicio que se trata de un putsch, es decir de una acción decretada desde arriba, que no ha tenido su origen en las mismas masas, y que por consiguiente está destinada al fracaso. Esta tentativa de putsch no es modo alguno revolucionaria; es oportunista con el mismo título que el parlamentarismo o la táctica de infiltración de células de partidarios entre los grupos adversos.

Esta táctica putschista es el reverso inevitable del parlamentarismo y de la infiltración, del reclutamiento de elementos no comunistas, de la sustitución de la táctica de masa o de clase por la táctica de jefe. Una tal política, débil, podrida interiormente, tiene que conducir fatalmente a los putschs.

¿Cómo podría el KPD -corrompido por el parlamentarismo, internamente debilitado por el peso muerto de los no comunistas, con desavenencias entre, al menos 6 tendencias, puesto al servicio de una táctica de jefe, contrario a una táctica de masa- haber dirigido una acción revolucionaria?

¿Dónde habría encontrado el KPD la fuerza que le era necesaria, frente a un enemigo tan formidable como la reacción alemana armada hasta los dientes? ¿frente a un capitalismo financiero y comercial, que consigue hacer un bloque de todas las clases en contra del comunismo?

Cuando llegó la provocación de Hörsing por parte del gobierno, cuando una general y tenaz resistencia se hizo necesaria, y cuando las mismas masas comenzaron a sublevarse en Alemania central, el KPD, debido a su interna debilidad, no era capaz de ningún tipo de combate efectivo. Aquello fue la ruina. Por lo menos la mitad de sus miembros permaneció inerte -en otras partes lucharon entre ellos mismos. La reacción ganó sin esfuerzo.

Cuando hubo comenzado la derrota, Levi, vuestro antiguo protegido y abanderado -el hombre que junto con Radek, usted y el Comité Ejecutivo, es el mayor responsable de la introducción en Alemania y en Europa occidental de esta debilitante táctica, de esta táctica del putsch- este Levi atacó por la espalda a los miembros combatientes del KPD, a aquellos que, a pesar de su equivocada táctica, se habían mostrado como el elemento más revolucionario. Mientras que a miles de entre ellos se les citaba ante los tribunales, él los denunció, a ellos y a sus jefes. Él, con su táctica, no es solamente corresponsable del putsch, sino también de los terribles castigos de la represión. Y es con él precisamente con quien se coaligan Dáumig, Geyer, Clara Zetkín, y junto con ellos -hecho muy significativo- toda la fracción parlamentaria del partido.

El Partido Comunista Alemán recibió así un duro golpe. Y con él fueron heridos el proletariado de Europa occidental, la revolución rusa y la revolución mundial. El KPD, único partido comunista de masa en Europa occidental, probablemente quedará reducido a la nada. Probablemente este será su final en cuanto partido revolucionario.

Este partido, camarada, ha sido construido según vuestros principios, en un país en que las condiciones económicas encaminan a la revolución. Y en el primer golpe que él asesta, se viene abajo. Mientras sus más valientes militantes mueren, se les fusila, llenan las cárceles, ellos mismos son traicionados por sus propios jefes. He aquí el ejemplo que han dado el KPD y vuestra táctica.

Veamos ahora el otro ejemplo y la otra táctica, la del KAPD.

El KAPD, que no quiere saber nada del parlamentarismo, ni tampoco de los antiguos sindicatos, sino que quiere organizaciones de fábrica, nunca tendrá necesidad de la táctica del putsch, que es siempre una consecuencia de su falta de solidez interna. Ahora bien, el KAPD no tendrá que padecer esta falta de solidez interna, porque no admite como miembros más que a comunistas, porque, para él, lo que cuenta es la calidad; porque no tiene una política de jefe, sino una política de clase; porque no quiere una dictadura de partido, sino una dictadura de clase. He ahí la razón por la que, en él, no puede plantearse la cuestión del putsch. En el caso que nos ocupa, el KAPD no ha seguido la táctica putschista. Su táctica se fundamenta en el hecho de que un partido o la Dirección de un partido no pueden tomar la decisión de una revolución o de una gran acción insurreccional, sino que es la situación, es decir la voluntad de combate en las masas, las que deben decidir. La táctica del KAPD quiere fortificar el proletariado desarrollando su conciencia y ampliar su fuerza revolucionaría constituyendo organizaciones eficaces de combate. Ahora bien, esto no puede realizarse sino en el combate mismo, sin eludir jamás la lucha impuesta por el enemigo o surgida espontáneamente de las masas.

Es así como siempre ha actuado el KAPD, al contrario de como lo han hecho los partidos socialdemócrata, independiente y comunista de Alemania. Esto ha sido así tanto durante el putsch de Kapp, la huelga de los electricistas, la ofensiva rusa en Polonia, las numerosas huelgas en Alemania, como durante las jornadas de marzo. Con esta táctica verdaderamente revolucionaria no pueden darse acciones arbitrariamente emprendidas.

En las Jornadas de marzo, el KAPD no ha iniciado la lucha sino después del ataque del gobierno.

Y ahora, ¿quiere usted comparar al KAPD con el KPD durante y después de la acción? El partido Obrero Comunista se mostró tan firme en su reserva y en su táctica que, en la acción no hubo desacuerdo alguno, y que incluso después de la derrota, reinó la más completa unidad en la asamblea de los delegados. A pesar de la derrota su fuerza se vio incrementada así como también la de la Unión Obrera (AAU).

Ese es el balance de vuestra táctica, la de la IIIªInternacional, y el de la táctica del KAPD.

Camarada Lenin, no es por pedantería por lo que quiero considerar todavía más a fondo estos problemas. Es por que de ellos depende la táctica de la revolución en Europa occidental, de la revolución mundial. Consideremos, pues, más de cerca los detalles de táctica -de la vuestra y de la de los izquierdistas.

Queríais el parlamentarismo. Queríais desempeñar un papel en el teatro, detrás de cuyos bastidores se oculta el Nuevo Estado Alemán de Stinnes y del Orgesch, teatro que carece de verdadero poder. Con sus métodos, los obreros han sido alejados de los verdaderos problemas de la revolución, se han congregado (con las elecciones) masas con las que no se podía contar, parte de esas masas debía forzosamente faltar en el momento decisivo. Con esos métodos, la corrupción interna era inevitable.

Nosotros éramos antiparlamentarios. Nosotros no queríamos la lucha ficticia sino la verdadera lucha. Por ello el KAPD permaneció unánime e inconmovible.

Queríais los consejos industriales legales. Los habéis preconizado a los obreros, habéis impuesto a los obreros que los reconozcan como órganos de la revolución. ¿Qué papel han desempeñado durante las Jornadas de marzo?... Han abandonado la acción revolucionaria y la han traicionado.

Nosotros queríamos comités de acción revolucionarios. Y mientras que los consejos industriales permanecían inactivos y traicionaban durante las Jornadas de marzo, los comités revolucionarios de acción surgieron espontáneamente de las masas y empujaron el movimiento hacia adelante.

Queríais actuar sobre los sindicatos por medio de núcleos comunistas. ¿Qué es lo que realizaron ellos? ¿Han empujado hacia adelante a los sindicatos? No se ha notado que hayan hecho algo. Ellos no han realizado nada. Incluso muchas veces se pusieron de parte de la burocracia sindical.

Nosotros queríamos la organización por fábrica y la reunión de estas organizaciones dentro de la Unión General Obrera (AAU), porque la lucha revolucionaria no puede ser dirigida sino en el campo industrial y sobre la base industrial. Y ¿qué nos han demostrado las Jornadas de marzo? Se ha luchado en las industrias y por industria. Son las organizaciones de fábrica las que ha luchado. Son ellas y no los sindicatos por oficio, las que han formado los puntos de apoyo de la revolución. Las Jornadas de marzo han suministrado pues, la prueba de que, para la revolución, la organización por fábrica es indispensable.

El KPD, a pesar del heroísmo de un importante número de combatientes, ha paralizado la revolución con su táctica (que es la vuestra) con su parlamentarismo, su infiltración en otras organizaciones y sus consejos industriales legales.

El KAPD, la Unión Obrera y las organizaciones de fábrica han aparecido a los ojos del mundo entero, como los jefes de la revolución alemana es decir, de la revolución en Europa occidental y en el mundo entero.

Queríais la organización, obtenéis el caos. Queríais la unidad, obtenéis la escisión. Queríais unos jefes, obtenéis unos traidores. Queríais unas masas, obtenéis unas sectas.

(Pues es necesario que aún añada esta observación: usted, camarada Lenin, usted Zinoviev y Radek y tantos otros dentro de la IIIª Internacional, ustedes dijeron que la táctica del KAPD no serviría más que para producir sectas). ¡Veamos lo que sucede! Vuestro KPD comprende, según él, 500.000 miembros. Pero él mismo añade (en su congreso), y cada uno bien lo sabe, que la mayoría no es comunista. Supongamos sin embargo que la mitad lo sea. En este caso, por medio de vuestra táctica y la de la IIIª Internacional, sobre los 9 millones de sindicados en Alemania, han agrupado ustedes a 250.000 comunistas. Pero, ¿cuántos comunistas hay dentro de la Unión Obrera (AAU), que ha sido establecida según los principios del KAPD? En números redondos: 250.000. Evaluada en cifras, nuestra táctica ha resultado, Pues tanto como la vuestra.

Pero no es sólo respecto al número, en lo que nuestra táctica ha revelado su superioridad. Existe esta diferencia: en primer lugar el KPD y los núcleos han sido creados con los innumerables millones de marcos gastados en periódicos, organización y propaganda -el KAPD y la AAU no han costado ni un pfennig. En segundo lugar, el KPD y sus núcleos se os han desmoronado en vuestras manos, mientras que el KAPD y la AAU son sólidos y están en pleno desarrollo. El KPD y sus núcleos están carcomidos por traiciones internas. El KAPD y la AAU crecen en las solidez y la unidad.

La realidad nos ha proporcionado los siguientes elementos de experiencia: como claramente lo han demostrado las Jornadas de marzo del proletariado alemán, como la Internacional entera, esperémoslo, lo reconocerá, vuestra táctica, la del Comité Ejecutivo y del Comintern, conduce al desmoronamiento y a la derrota, mientras que la del ala izquierda es generadora de unidad y de fuerza.

El III Congreso de la Internacional deberá, pues, modificar su táctica. Camarada Lenin, nosotros reconocemos lo adecuado de vuestra táctica en Rusia, y personalmente querría deciros que el juicio de la historia, por lo que veo, considerando vuestra conducta revolucionaria en su conjunto, dirá que ha sido grande y la mejor posible. A mi entender, es usted, después de Marx y Engels, nuestro más eminente guía. Eso no quita, en cambio, que usted se equivoque respecto a la táctica a emplear en Europa occidental.

Y ahora, nos dirijimos al proletariado alemán diciendo: «si de verdad estáis convencidos, racional y efectivamente, de que es el ala izquierda quien tiene razón, si estáis dispuestos a luchar siguiendo su método, entonces abandonad el KPD y todos los viejos partidos parlamentarios; abandonad los sindicatos, y sumaos a la Unión General Obrera y al Partido Obrero Comunista».

Y hacemos una llamada a todo el proletariado de Europa occidental y de todo el mundo para que adopte nuestra táctica.